miércoles, 13 de julio de 2016



Fragmento de "La montaña Mágica"(1924) de Thomas Mann.

La cocaína, el opio, el vicio...lo pecaminoso no es eso. El pecado que no tiene perdón es...
Se interrumpió. Ancho y alto, vuelto hacia su vecino, permaneció sumido en un silencio poderosamente expresivo que obligaba a comprender con el índice en alto y la boca como desgarrada bajo el labio superior afeitado y colorado, con ligeros rasguños de la navaja, con los impresionantes surcos de su frente profundamente acentuados, enmarcados por blancas melenas de pelo, abriendo mucho sus ojos carentes de color, en los que Hans Castorp creyó ver una sombra de espanto ante la mera idea de aquel crimen, de aquel gran pecado, aquella debilidad imperdonable a la que había aludido y en cuyo horror obligaba a penetrar, lo ordenaba en silencio, con todo el poder de fascinación que emanaba de su oscura naturaleza de soberano...

[...]

-Hermano, deja que te tutee- dijo Peeperkorn, echando hacia atrás su fornido cuerpo, presa de una embriaguez rebosante de libertad y orgullo, estirado el brazo sobre la mesa y golpeándola con el puño sin fuerza-, deja que tutee, te tutearé dentro de poco..., dentro de poco, cuando la cordura...Bien. ¡Punto redondo! La vida, joven, es una mujer tumbada, con los pechos llenos y prietos, con un gran vientre liso y blanco entre las caderas robustas, con los brazos frágiles, los muslos carnosos y los ojos entornados, que, en su provocación magnifica y burlona, exige nuestro más alto valor, toda la fuerza de nuestro deseo masculino que le haga frente o que se rinda vencido..., vencido, joven, ¿comprende lo que esto significaría? La derrota del sentimiento ante la vida, ésa es la debilidad para la cual no hay perdón, no hay piedad, no hay dignidad, sino que se maldice despiadada y sarcásticamente. ¡Punto redondo, joven! Asunto zanjado... Vergonzante y deshonroso son calificativos débiles para indicar esa ruina y esa quiebra, para ese espantoso ridículo. Es lo último, la desesperación infernal, el fin del mundo..